Entre la inflación cero de Gelbard y el Rodrigazo - Roberto Cachanovsky 6-04-2010 Imprimir

 

Entre la inflación cero de Gelbard y el Rodrigazo Por Roberto Cachanosky
Martes 6 de abril de 2010 - La Nación.com

Celestino Rodrigo, ministro de Economía de Isabel Perón durante 50 días, pasó a la historia por el famoso Rodrigazo que fue un aumento de tarifas de servicios públicos, tipo de cambio y salarios que intentó, a mi juicio en forma poco prolija, corregir el problema que había heredado de la inflación cero de Gelbard y que Alfredo Gómez Morales, su antecesor en el cargo, no se animó a encarar.
En efecto, a principios de 1973, con Cámpora transitoriamente en el poder, Gelbard implementó una política económica que supuestamente era de inflación cero, basada en controles de precios, salarios, tipo de cambio y tarifas de los servicios públicos, en ese momento prestados fundamentalmente por empresas estatales que, obviamente, tenían pérdidas.


Como ocurre con todos los planes basados en el control directo o indirecto de la estructura de precios relativos, control que intenta disimular por un tiempo las ineficiencias del sistema productivo y los desequilibrios del sector público, en algún momento son insostenibles y alguien tiene que asumir el costo de hacerse cargo de destapar la olla. En 1975 ese costo lo pagó Celestino Rodrigo.
Si bien hay diferencias económicas y políticas con aquellos años, hoy estamos en la etapa intermedia entre lo que en su momento hizo Gelbard y el costo que posteriormente asumió Celestino Rodrigo. Ejemplo, montados sobre una inflación que en el primer bimestre de este año se proyecta al 35% anual, hay un stock de subsidios que gatillan el aumento del gasto público. Por ejemplo: en 2006 los subsidios al sector energético fueron de $ 4032 millones y en 2009 llegaron a $ 15.944 millones. El sector transporte, que en 2006 tenía subsidios por $ 1876 millones, recibió en 2009 $ 11.584 millones. El total de subsidios y préstamos del sector público al sector privado pasó de $ 8800 millones en 2006 a $ 33.300 millones el año pasado.


La pregunta es: ¿Se animará el Gobierno a desmantelar este monstruo antes de 2011? Obviamente que la respuesta se acerca más al no que al sí. Es más, desmantelar este esquema implica subir fuertemente las tarifas de los servicios públicos (boleto de colectivo, tren, subte, energía eléctrica, gas, etc.) en el medio de una inflación que apunta al 35% anual. Sabemos que los Kirchner suelen
redoblar la apuesta, pero también sabemos que cuando los problemas se ponen feos suelen refugiarse en El Calafate.


La segunda pregunta es: ¿Qué diferencia hay entre este esquema de aumentar el gasto público para cubrir las pérdidas de las empresas con subsidios y el financiamiento que, en otros años, le daba el tesoro a las empresas públicas con tarifas retrasadas? Respuesta: ninguna.
Obviamente que no es ésta la única causa de aumento del gasto público, pero como muestra del lío que ha hecho el Gobierno basta con este simple ejemplo.


Si el Gobierno va a tratar de esquivarle el bulto al tema de las tarifas de los servicios públicos, también es muy probable que termine sacrificando el llamado tipo de cambio competitivo dejando que la inflación termine de comerse la devaluación de 2002. En rigor ya se la comió. Y aclaro que no estoy de acuerdo con una política de peso depreciado ni apreciado, pero para el Gobierno el peso depreciado era el centro de su "modelo de crecimiento con inclusión social". ¿Qué ocurrirá entonces? Que las empresas tendrán las ineficiencias propias del sistema tributario, la legislación laboral, el gasto público, etc. y no serán "compensadas" con un dólar caro. Al mismo tiempo, Moyano ya ha dicho que no puede negarse la inflación, con lo cual los aumentos de salarios comienzan en un piso del 25% y llegan a un techo del 40% dependiendo de los sectores. Como
además el costo del capital es alto en la Argentina y el arreglo de la deuda no solucionará el problema del costo del capital porque hay demasiada inseguridad jurídica para invertir en el país, el modelo ajusta por precio o cantidad en el mercado laboral. Esto quiere decir que si los aumentos de salarios se disparan demasiado, el modelo ajusta por cantidad de gente ocupada. Si aumentan por
debajo de la tasa de inflación, el modelo ajusta por caída del ingreso real, menor consumo interno y caída en la actividad.


¿Entonces? Lo más probable es que el Gobierno use la expansión monetaria como mecanismo de sostener la ocupación convalidando aumentos de precios y salarios y, de paso, sostener un gasto público infinanciable. Entramos así en la típica carrera de salarios y precios, quedando postergado el tema tarifas y tipo de cambio para el momento del Rodrigazo final, si es que este esquema aguanta hasta el 2011.


Por más que Boudou y Randazzo se gasten la garganta diciendo que no hay inflación, ellos saben que la suba de precios ya está fuera de control, a pesar de los métodos tipo KGB de Moreno. Sabemos que la inflación se acelera. También sabemos que el Gobierno usará al Central como fuente de financiamiento vía emisión monetaria. Y además sabemos que la oposición quiere que los Kirchner se hagan cargo de la fiesta que armaron y que los Kirchner no quieren pagar la fiesta.
En el medio está la gente que huye del peso como si fuera la peste porque sabe
que cada día que pasa puede comprar menos bienes y servicios con la misma
cantidad de pesos.


Estamos en el medio del trayecto entre la inflación cero de Gelbard y el Rodrigazo. El argumento de que son los empresarios y los comerciantes los que aumentan irresponsablemente los precios ya lo conocemos de memoria. Es la típica jugada de sacarse de encima la responsabilidad que tiene el Gobierno de haber incentivado la inflación para hacer un populismo tradicional y muy poco imaginativo con relación a las políticas populistas del pasado. Es típico que a la hora de tener que pagar los costos del populismo, el Gobierno busque responsables fuera de su esfera, lo que no quiere decir que el problema sea resuelto inventando culpables fuera del BCRA.


En definitiva, en los próximos meses veremos cómo el Gobierno sigue redoblando la apuesta en materia de acelerar la inflación y negarla. Pero también sabemos cómo es el final de esta película, por más que el Gobierno siga diciendo que estamos con inflación cero como en los años de Gelbard.